Cualquier estímulo que recibimos a través de nuestros sentidos va directo al Tálamo donde se distribuye a la corteza cerebral que proceda.
Dos de los lugares en nuestro cerebro al que va a parar toda la informacion externa es el Neocórtex, también conocido como cerebro racional, y la Amígdala, el cerebro emocional.
Pero existe un "atajo" que a veces toma esta información, mediante el cual pasa del tálamo directamente a la amígdala, sin que el neocórtex sepa bien aún que es lo que pasa. Y aquí es cuando se lía parda.
Pasa algo así:
El neocórtex aún no es consciente del posible peligro y ya la amígdala ha reaccionado, con lo cual somos marionetas de nuestros sentimientos y emociones.
En ese momento de "secuestro" no pensamos racionalmente, estamos fuera de nosotros mismos, como se suele decir, se nos va de las manos.
Una vez pasa este momento nos preguntamos cosas como: "¿Pero cómo he podido hacer o decir esto?" pero el daño ya está hecho. Además nos sentimos desorientados y cansados física y mentalmente.
¿Cómo sabemos si vamos a sufrir un secuestro emocional y cómo evitar las consecuencias?
Por lo general empezamos a notar que nuestra temperatura corporal aumenta al igual que nuestras pulsaciones, lo que de toda la vida ha sido notar que empiezas a calentarte. ¿Consejos para no perder los papeles? No es ningún misterio; evita en la medida de lo posible enfrentarte a situaciones que sabes que te van a provocar esa ansiedad. Pero claro, no siempre podemos preveer que vamos a sufrir un momento crítico, viene cuando viene. En este caso es aconsejable pararse, respirar profundamente, contar hasta diez, quince o veinte hasta notamos que volvemos a una temperatura y una respiración normal. Sé que es muchísimo más difícil hacerlo que decirlo, pero no hay otra cosa, suena a tópico pero es lo que hay para no acabar siendo secuestrados por nuestras propias emociones.
