Hoy no es un día para divertirse.
Ayer mucha gente se divertía como un viernes noche cualquiera y, en un abrir y cerrar de ojos, sus vidas pasaron a ser una cifra en los informativos. Cifra que iba creciendo conforme pasaban las horas. Cifra que nunca dejará de crecer.
Por algún motivo, un grupo de desalmados, decidió que hasta ahí llegarían las vidas de esas personas inocentes. Se fueron. Los apagaron. Y, lo más escalofriante, por personas que no les importa morir con tal de llevarse su buena cifra de inocentes por delante.
A la persona que más hay que temer es a aquella que no tiene nada que perder.
No quiero que todos piensen como yo y que sientan antes la llamada de la humanidad que la de su bandera. Las banderas y fronteras no me importan, me importan las personas. Pero es en situaciones como la ocurrida ayer en París, cuando me doy cuenta de que la gente también olvida nacionalidades, razas, religiones, posturas políticas... y eso me hace ver un poquito la luz al final del túnel de autodestrucción en el que está sumida la humanidad desde que abandonó la cueva.
A veces pienso que jamás debimos salir de ahí.
El ser humano a hecho grandes cosas, no se puede discutir. Pero, en general, nuestro pequeño paso por la historia del planeta ha sido un desastre. Ponemos a los terroristas a la altura de animales salvajes cuando ni nosotros mismos llegamos a la altura de los animales. Ni la persona más altruista y buena del mundo llegará jamás a la pureza de un animal. No deberíamos haber olvidado que también lo somos. Ahora es tarde. El ser humano ha degenerado tanto que, por un puñado de papeles verdes, les entrega las armas a un pueblo para que se autodestruya. La avaricia, la intolerancia, la falta de humanidad, el nulo respeto a la vida humana... estos son los valores que gobiernan hoy nuestro mundo.
No religiones, no armas, no destrucción.
Estoy empezando a creer que los que empezaron a promulgar la religión tenían un pequeño negocio de armas que, al ver como la gente se atacaban los unos a los otros por una mera cuestión de puntos de vista y creencias, aprovecharon para dar salida a su negocio. Y así hasta nuestro presente. ¿Cuántas atrocidades se han cometido en nombre de un dios o una religión? Creo que las mayores de la historia. Y no aprendemos.
Tropezaremos tantas veces con la misma piedra hasta que nos abramos a cabeza contra el suelo.
Las personas debemos ayudarnos y mostrarnos nuestro apoyo. Las redes sociales en muchas ocasiones nos separan pero en otras nos ayudan a estar más unidos y demostrarlo. ¿Que hay personas que comparten la foto de la torre Eiffel o usan los hashtags por postureo? ¡Qué coño más me da! (Y perdón) ¿En serio con lo que ha pasado vamos a preocuparnos de quienes muestran solidaridad de corazón y quienes lo hacen por quedar bien? ¡Por favor! ¿Seguimos juzgando sin conocer? ¿Seguimos atacándonos entre nosotros? ¿No aprenderemos?
Estoy demasiad afectada como para escribir un post con mucho sentido, pero todo lo que escribo es muy sentido.
Sólo puedo pensar en las personas que ayer creían que tenían un finde por delante, como podía haber estado pensando yo, y de repente ya no están.
En todas esas familias que hoy se estarán preguntando:¿Por qué mi hijo? ¿Por qué mi madre? ¿Por qué mi amigo? ¿Por qué mi esposa?. ¿Por qué ese puñado de escoria se cree con derecho a arrebatarme a mis seres queridos?
En el pueblo Sirio que, como si no tuviera poco con tener que irse de su propio país, ahora será mirado con reservas incluso acusado por muchos dedos.
Hoy no es un día para la diversión. Hoy es un día triste pero no es un día para agachar la cabeza o esconderse como cobardes. Hoy es un día para luchar, para unirse olvidando las diferencias de cualquier tipo. Hoy y todos los días son días para vivir por la libertad.

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